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La perra    Esencia    12-05-1996


Perra

Os ruego estricto anonimato pues no quiero que se me asocie con la protagonista de esta historia ya que me sentiría horriblemente mal si nuestros amigos sado reconocieran en mi a la perra que va a relatar lo que sigue. Voy a relatar una de mis experiencias más gratas como sumisa y que quizá sea la que resultó ms humillante de mi existencia pues literalmente me vi reducida durante dos días a una verdadera perra. Viví como perra, pensé como perra y fui una perra. 

Un viernes después de comer, mi Amo me dijo que me había preparado una sorpresa que me gustaría. No me dijo más, pero sus inquietantes palabras me machacaban la cabeza mientras recogía y fregaba los platos. A las seis de la tarde cogimos el coche y, sin decirme nada, partimos rumbo a lo desconocido. Cuando me prepara algo, sé que es inútil preguntarle nada pues prefiere tenerme en tensión y que yo misma vaya descubriendo la historia a medida que sucede. 

Salimos, en un momento dado, de la carretera principal y nos metimos por un camino de tierra sin ninguna indicacin. El camino era infernal, lleno de baches y cada vez se alejaba ms de la carretera. En un paraje solitario, mi Amo detuvo el coche y me hizo bajarme y desnudarme del todo. Una vez desnuda, me colocó al cuello un collar de perra y concisamente me dijo que, hasta nueva orden, yo era una perra y debía comportarme y actuar como tal. Seguidamente abri el maletero del coche y me introdujo dentro, reanudando el viaje que no duró demasiado.

Una vez detenido el coche, oí como mi marido saludaba a alguien y una voz de mujer le respondió si había traído a la perra. Mi marido dijo que estaba en el maletero y la mujer respondió que ya me sacarían luego pues acababa de hacer café y no merecía la pena que se enfriara mientras sacaban el equipaje. Pasé como media hora que se me hizo eterna. El sol pegaba de lleno en el maletero y allí dentro haca un calor sofocante.

Cuando el maletero se abrió, junto a mi amo estaba una mujer vestida de cuero con un aire muy autoritario que me contempló sonrindose socarronamente antes de ponerme una cadena en el collar y sacarme de allí. Los lectores podrán imaginar mi humillación, desnuda, andando a cuatro patas, con un collar de perra al cuello y exhibida de esa forma. La mujer, tirando de la cadena me hizo seguirla hasta un patio donde había una especie de jaulas de tela metlica y me introdujo en una llena de excrementos de perro y con un olor no demasiado agradable. Hecho eso, agarró a mi marido del brazo y se fueron para adentro. Miré a mi alrededor y mi sorpresa fue mayscula al descubrir, dos jaulas mças allá a un hombre desnudo que asomaba la cabeza por la puerta de una de las perreras. En las jaulas centrales, haba dos grandes mastines que luego supe eran macho y hembra.
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Los mastines, nada ms meterme en mi jaula empezaron a ladrarme desaforadamente pero pronto comprobé que el hombre desnudo también me ladraba. Me sentí tan rebajada y tan vil que me escondí dentro de mi perrera para ocultarme a la mirada de aquel hombre-perro. Por otro lado, sólo dentro de la perrera podía evitar el tener que pisar los excrementos que había en el suelo de mi jaula. Bastante rato después, volvieron a salir al patio con un cubo cada uno. Acercándose a mi jaula, cogieron dos comederos y vertieron en uno un poco de agua y en el otro una masa repugnante de carne picada y cruda que me revolvió el estómago de mala manera. Seguidamente fueron haciendo lo mismo con los otros mastines y con el hombre-perro. Me sorprendi mucho ver salir al hombre de la perrera. Encajado en el culo llevaba el mango de un ltigo de varias colas, de forma que cada una de las colas simulaban el rabo del perro. Al ir a darle la comida, el hombre salió meneando mucho el culo para dar impresión que estaba contento y no dejaba de ladrar y lamer las botas de la mujer en símbolo de agradecimiento. Me sentí mal viendo su degradación y la mía, sobre todo cuando el hombre, al parecer acostumbrado a ese trato, se puso a comer con la boca trozos de la carne picada y cruda con evidentes muestras de satisfacción. Me costó mucho y en medio de grandes arcadas asumí mi papel de perra y pude tragar con dificultad algunos trozos de esa repulsiva carne cruda.

La mujer pareció reparar en un detalle al mirarme y preguntó a mi Amo si no tena rabo, a lo que él respondió que no haba caído en ello. La mujer se metió en la casa y salió al instante con un látigo de varias colas similar al que tenía el hombre encajado en el culo. Abriendo mi jaula, la mujer agarró el mango y sin mucho miramiento me lo introdujo de golpe en el ano, causándome un dolor premeditado que la hizo sonreír. Mi Amo me ordenó besar las botas de la mujer en agradecimiento a haberme proporcionado un rabo como todos los perros. Poco a poco, me fui rebajando y empecé a imitar el comportamiento de mi compañero de infortunio. Su forma de orinar era como los verdaderos perros. Se acercaba a una pared, levantaba la pata y orinaba. De vez en cuando lanzaba unos ladridos esporádicos, limitándose el resto del tiempo a ladrar cuando los mastines ladraban a su vez por algún motivo. Y yo, en mi papel de perra, aunque muy humillada, me veía forzada a hacer coro pues mi Amo quería en mí un comportamiento ejemplar de perra.
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Estuve allí toda la noche. Afortunadamente era una noche veraniega y no hizo en absoluto frío aunque la pasé acurrucada en mi caseta y pensando en mi Amo. él estara cmodamente acostado en una cama y quizá dentro de la cama de aquella mujer, pero ya tengo asumido que él puede hacer lo que quiera y no tiene porqu guardar ninguna fidelidad a su "perra".

El día siguiente transcurri poco más o menos, pasando por el episodio de la ingestión de carne cruda y en lo único que varió fue que mi Amo me extrajo el mango del culo para que pudiera defecar delante de la atenta mirada de la mujer.

A media tarde, volvieron a salir de la casa y comentaron en voz alta que ya había pasado la hora de calor y que era el momento ideal para empezar los cruces. Para demostrarme lo que me esperaba, sacaron primero a los dos mastines, comentando que la mastina estaba en celo y que era el momento idóneo para que el macho la montara. Antes mis ojos, el mastín y la mastina copularon y me vi forzada a verlo todo durante el tiempo que duró, mientras el hombre-perro ladraba con redoblados bríos para solicitar su turno.

Al fin llegó el momento de mi máxima humillación. Mi Amo me puso una cadena en el collar y me sacó de mi jaula mientras la mujer hacía lo análogo con su "perro". Nada más aproximarnos, el hombre se acercó a mí a cuatro patas y empezó a aproximar su nariz y su lengua a mi vagina, procediendo a lamerme entre ladridos y muestras de satisfacción. Yo traté de huir de aquel contacto repulsivo, pero solo sirvió para que mi Amo retirara el látigo de mi culo y me golpeara el culo desnudo con su cinturón ya que el látigo estaba con el mango manchado. Tuve que quedarme quieta y sufrir en silencio los husmeos y las babas del hombre-perro en mi vagina y entrepierna. A una orden de su dueña, el hombre, sin dejar la postura de cuatro patas aunque subiendo encima mía, aproximó su excitado órgano a mi trasero. Aquello duró mucho tiempo. No es fácil dar con el objetivo en posición de cuatro patas y sin poder utilizar las manos. Notaba la punta del hombre tratando de introducirse en mi ano sin conseguirlo, una y otra vez, mientras mi Amo y la mujer hacían comentarios jocosos y humillantes para sus perros. Al fin, el "perro" consiguió metérmela en el culo pese a que yo hice lo imposible por evitarlo apretando mi ano al máximo para evitar esa violación anal. Quizá por eso me hizo ms daño del que yo deseaba, pues su aparato era bastante apañado y mi esfnter es más bien estrecho. Después de un rato vergonzoso, durante el cual me vi montada como una perra vil y abyecta, mi compañero "perruno" orgasmó dentro de mi ano y sentí resbalar entre mis muslos su esperma caliente, que por la cantidad, supuse que llevaba mucho tiempo acumulado.
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Después de volver a encerrarnos en jaulas separadas, la mujer con toda intencionalidad propuso a mi Amo que se fueran adentro pues "era la hora de reproducirse ellos también". Aquello acabó de rebajarme del todo. Haba sido copulada por un perro humano delante de los ojos de mi marido y de la mujer, en contra de mis deseos y ahora me vea obligada a estar encerrada en una jaula de perra mientras mi Amo estara disfrutando con aquella mujer que para mi pesar, era muy atractiva y seguro que apetecible para mi marido. Pero también, pese a ese odio contenido hacia la mujer, me sentí feliz y dichosa pues se estaba cumpliendo uno de mis deseos de sentirme perra en cuerpo y alma. Y no cabe duda que durante aquellos dos días completos lo conseguí plenamente.

La mañana del domingo, mi Amo vino a buscarme y junto a la mujer me limpiaron con una manguera que había en el patio. El chorro de agua tenía bastante potencia y además estaba muy frío y lo soporté con la alegría de saber que la desagradable y grata experiencia a la vez tocaba a su fin. Luego me dieron el vestido que me había quitado antes de ser introducida en el maletero del coche y mi marido y yo volvimos a casa con la alegría de haber hecho realidad mi gran sueño: ser una perra en el sentido estricto de la palabra.

Espero que os haya gustado el relato aunque comprenderis que no dispongo de fotos y no podris ilustrarlo adecuadamente. Si os gusta mi relato y lo publicais volveremos a escribiros con nuevas experiencias, aunque no serán tan excitantes como esta, que es de las que mejores recuerdos conservo.

Socia "Perra Anónima" (Madrid).