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Poesia

 
SONETO LVIII W.

El dios que de ti me ha esclavizado,

Prohíbe que vigile tus placeres

O pida cuenta alguna de tus ocios,

Pues tu vasallo soy y te obedezco.

Estando a tu merced, soporto luego

La cárcel soledosa de tu ausencia

Y ofrezco dócilmente ambas mejillas

Sin acusarte de injusticia alguna.

Es tu privilegio ir donde gustes

Y disponer sin trabas de tus horas

Para hacer cuanto quieras, y aun puedes

Indultarte por daños a ti mismo.

Yo espero, aunque esperar sea un infierno;

Actúes bien o mal no he de acusarte.